Educación y estandarización en la Sociedad del Conocimiento

En El Banquete, Sócrates pregunta cuál debe ser el sentimiento que, a lo largo de toda una vida, oriente la conducta de los que quieren vivir honestamente. Sugiere que ese sentimiento sea al mismo tiempo la vergüenza de los actos viles y la ambición de gloria, ambas condiciones de la existencia de la ciudad y de las obras grandes y bellas que cumplen los ciudadanos. En realidad, Sócrates se refiere a una forma del coraje.

Resulta paradójico que una idea crucial del pensamiento clásico como la que plantea Sócrates en El Banquete, tan alejada y olvidada en la modernidad, formule con tanta precisión una cuestión clave que, justamente hoy, interpela a lo filosófico.

Algo se perdió en el camino de la constitución de la actual experiencia colectiva. Algunos sociólogos lo llaman “desmodernización” (Touraine, 1997); otros, usando el término marxista de la incipiente sociedad industrial, “la nueva cuestión social” (Rosanvallon, 1988). Unos y otros plantean que se produjo una grieta en las formas de entender y de realizar el vínculo entre las personas, y por lo tanto una especial dificultad para orientar la pregunta: ¿cómo vivir con el Otro?, cuestión que nos remite a la precedente: ¿cómo vivir? (Leclaire, 1987).

Vamos a interrogar y enmarcar los términos de lo que tratamos. El problema, parafraseando a Touraine, podría decirse así: ¿en qué consiste la experiencia central de nuestro tiempo? ¿Cuál es la función, respecto de esa experiencia, de lo educativo? ¿En qué medida pensar de nuevo la educación no exigiría reemplazar las formas contemporáneas de relación con el saber?

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