Historia de la Ciencia: La imagen moderna del mundo

En este curso de IAEU en Abierto haremos un recorrido por la historia de la ciencia. La historia de la ciencia se hace desde una cierta idea de lo que sea ciencia. La perspectiva de los filósofos de la ciencia que intentan definir y establecer criterios de demarcación entre lo que es ciencia y lo que no, no coincide exactamente con la de los historiadores. Estos insisten en la necesidad de no proyectar nuestras ideas al pasado y escribir la historia desde atrás.

Desde tiempos inmemoriales se fue adquiriendo una cierta familiaridad con el aspecto de los cielos y algunos de sus ciclos. La necesidad del control del tiempo, especialmente en la agricultura y la religión, contribuyó al desarrollo de una astronomía empírica. En Grecia estos conocimientos se fueron integrando en sistemas teóricos astronómicos y cosmológicos.

En Grecia se exige, por primera vez, que la teoría cosmológica explique con detalle las observaciones astronómicas. A partir de los presocráticos se va desarrollando la primera cosmología científica, en la que el universo está limitado por la esfera de las estrellas fijas y la Tierra permanece quieta en el centro del universo. El movimiento de los planetas se convertirá en el principal problema de la astronomía.

Aristóteles es el gran cosmólogo y filósofo de la naturaleza de la antigüedad. Recoge los más importantes problemas filosóficos planteados desde los presocráticos y unifica las respuestas en una cosmovisión y con un aparato conceptual que dominaría la filosofía y la ciencia durante unos dos mil años. Su física sólo sería sustituida en el siglo XVII.

De Apolonio a Ptolomeo se desarrollan los elementos fundamentales de la astronomía técnica. Los recursos geométricos griegos utilizan los datos y técnicas aritméticas babilonias y, a partir de ahí, en Grecia se desarrolla por primera vez una astronomía predictiva que culminará con Ptolomeo. Las dificultades de integrar astronomía técnica y cosmología física se hacen cada vez más patentes.

La irrupción del cristianismo fue un factor decisivo en la historia de la cultura en general y de la ciencia en particular. Tanto en la etapa inicial de hostilidad o indiferencia, como a partir del siglo XI, en que se cristianiza la cultura clásica, se impone la idea de la filosofía como sierva de la teología. La tensión entre la investigación y el dogma dominará el desarrollo de la filosofía natural.

Una historia de la Revolución Científica obligaría a tomar en cuenta multitud de aspectos de estas grandes transformaciones protagonizadas por los cambios sustantivos en la astronomía y la física. Los cambios religiosos y las transformaciones sociales e institucionales deberían tener mucho más protagonismo del que pueden tener aquí.

En Europa, la astronomía técnica no alcanza el nivel griego o árabe hasta el siglo XV. Tras la recuperación del Almagesto se ve la necesidad de una reforma de la astronomía. Con la propuesta de Copérnico esta reforma se convertirá en una revolución que tendrá como elemento central la progresiva imposición del heliocentrismo.

La precisión de las observaciones de Tycho Brahe pretendía servir a una cosmología que salvaguardara el geocentrismo. Pero, de hecho, con Kepler sirvieron para la fundamentación del heliocentrismo y el descubrimiento de las leyes del movimiento planetario. Pero el reconocimiento de la aportación de Kepler fue tardío.

Galileo marca el inicio del fin del paradigma aristotélico ptolemaico. No sólo hace contribuciones decisivas a la astronomía con su telescopio, sino que es el iniciador de la nueva física, superando la gran dificultad de la teoría copernicana. Su condena ilustra la actitud y el papel de la Iglesia ante la nueva ciencia.

Descartes hizo aportaciones importantes en distintos campos, especialmente la matemática, la óptica y la física. Pero no se conformaba con introducir “nuevas ciencias”, aspiraba a ser el autor de un nuevo sistema filosófico general que sustituyera al de Aristóteles. Su filosofía natural, el mecanicismo, tuvo tanto éxito en lo general, como dificultades en lo concreto.

Aristóteles constituye un punto de partida básico en la zoología, y Teofrasto le siguió en el campo de la botánica. Pero, desde finales de la antigüedad hasta el Renacimiento, el estudio de las plantas estuvo supeditado a su interés para la medicina; y los animales interesaban por su valor simbólico y el mensaje moral que podía desprenderse de sus características. Así lo muestran los bestiarios y herbarios medievales. La zoología y la botánica vuelven a importar, por sí mismas, sólo a partir del siglo XVI.

Tras un cierto eclipse con el mecanicismo, la historia natural vuelve a despegar en el mundo británico, aliada con la teología natural. En el marco del creacionismo cristiano, tanto en la “teoría de la Tierra”, antecedente de la geología, como en la botánica y la zoología, se desarrolla una concepción estática de la naturaleza paradigmáticamente representada por Ray y Linneo. En el Continente, desde Descartes a Buffon, se desarrolla en cambio la idea de una naturaleza autónoma y dinámica que deja de lado la teología, pero en el siglo XVIII nunca llega a imponerse.